17 de enero de 2026
#Ciclismo #Speed

‘La Locomotora’ ausente en la Vuelta España 2025

El inicio de la Vuelta a España 2025 estuvo marcado por la velocidad de Jasper Philipsen, el ímpetu latinoamericano de Orluis Aular y la dolorosa ausencia de Richard Carapaz, La Locomotora del Carchi.


La Vuelta a España 2025 ha desplegado ya sus primeras alas sobre el asfalto. Turín fue la puerta de entrada, y la carretera hacia Novara la alfombra donde los velocistas comenzaron su danza. La primera etapa, llana como un tablero de ajedrez, terminó con el triunfo esperado de uno de los grandes sprinters del pelotón: Jasper Philipsen, el belga del Alpecin-Deceuninck, quien se impuso con potencia y precisión para enfundarse el primer maillot rojo de esta edición 80ª de la ronda ibérica (Reuters).

El podio del día lo completaron el británico Ethan Vernon, segundo tras un sprint milimétrico, y el venezolano Orluis Aular, que con el Movistar Team se coló en la tercera posición para hacer ondear la bandera latinoamericana en suelo italiano (Revista Mundo Ciclístico). Un arranque vibrante que, sin embargo, en Ecuador se vivió con una mezcla de emoción y nostalgia: por primera vez en años, no hubo ningún ciclista ecuatoriano en la línea de salida.

La ausencia de la Locomotora del Carchi, Richard Carapaz, ha sido la nota más amarga del arranque. Su nombre, habitual protagonista en las grandes citas, no resonó en la presentación de equipos, ni su camiseta brilló entre el pelotón en los kilómetros iniciales. Una gastroenteritis amebiana, con úlceras y heridas internas, lo dejó fuera no solo del Tour de Francia sino también de esta Vuelta. La enfermedad lo privó de continuidad en los entrenamientos, debilitando su resistencia y obligándolo a replantear el calendario (AS).

Para los aficionados ecuatorianos, que han seguido con fervor cada pedalada de Carapaz desde su triunfo en el Giro d’Italia de 2019, su ausencia es como un estadio vacío, como un cóndor que no sobrevuela los Andes. La Vuelta, que tantas veces ha sido escenario de gestas latinoamericanas, siente el vacío de quien debía ser uno de sus animadores principales. Carapaz había marcado en rojo la cita española, pero la realidad de su cuerpo le pidió detenerse.

El propio corredor explicó que no podía entrenar más de dos o tres días seguidos sin recaer. Y en un deporte que exige disciplina diaria, esa irregularidad se convierte en condena. Así, decidió priorizar su recuperación en Ecuador, donde continúa fortaleciendo su cuerpo en la altitud que lo vio nacer. Desde allí, el cóndor prepara nuevas metas: las clásicas italianas de otoño, especialmente Il Lombardia, y el Campeonato Mundial de Ruta en Kigali, Ruanda, un terreno que podría favorecer a su instinto ofensivo (Reuters).

Mientras tanto, la Vuelta avanza. En la primera jornada, las sonrisas fueron para Philipsen, que reafirma su dominio en llegadas masivas, y para Aular, que confirma el crecimiento del ciclismo latinoamericano. El venezolano, tercero en la meta de Novara, demostró que también los corredores de la región pueden desafiar a los mejores sprinters europeos. Fue una postal poderosa: el maillot azul del Movistar mezclado en la refriega con los trenos del Alpecin y del Soudal, y finalmente cruzando la meta con un podio de prestigio.

Pero en el corazón de los ecuatorianos, la escena fue incompleta. Faltó la silueta inconfundible de Carapaz, la cadencia de su pedaleo en los ascensos, el ataque demoledor en las rampas más duras. Faltó el cóndor. El ciclismo ecuatoriano, que ya se había acostumbrado a tener representantes en las grandes, deberá esperar una nueva oportunidad para volver a ver a su hijo predilecto enfrentarse a la élite mundial.

No obstante, la historia de Richard Carapaz no se detiene en esta ausencia. Como él mismo ha demostrado en varias ocasiones, cada caída es prólogo de un nuevo ascenso. La pausa en la Vuelta puede convertirse en la antesala de una resurrección en el Mundial o en Lombardía, donde la dureza del recorrido y el terreno montañoso parecen hechos a su medida.

En Carchi, en Quito, en todo Ecuador, sus seguidores no pierden la esperanza. La figura de la “Locomotora del Carchi” trasciende resultados: es símbolo de esfuerzo, de superación, de un país que aprendió a soñar con podios en las grandes vueltas gracias a su talento. Su oro olímpico en Tokio, su podio en las tres grandes, su título en el Giro, son capítulos que nadie puede borrar. Y aunque este año la Vuelta ruede sin él, el eco de sus gestas sigue resonando en cada curva.

La edición 2025 de la Vuelta a España apenas empieza. Vendrán montañas, contrarrelojes y sprints, y los ojos del mundo estarán puestos en nombres como Remco Evenepoel, Jonas Vingegaard o el mismo Philipsen. En Latinoamérica, Orluis Aular carga con el honor de representar a la región. Y en Ecuador, la ausencia de Carapaz será el silencio que acompañe cada transmisión, recordándonos que el ciclismo, como la vida, a veces impone pausas dolorosas.

Pero no hay que equivocarse: el cóndor no ha dejado de volar, solo aguarda su momento. La altitud de Carchi es su refugio, y el horizonte de Kigali, su destino. El futuro sigue abierto para un ciclista que ha demostrado que, incluso en la derrota o en la ausencia, puede inspirar a todo un país.

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